Time for change
Hoy ha ocurrido algo que en otras condiciones no habría pasado. Los detalles y el hecho en sí son lo de menos. Lo importante es la confirmación de una sospecha que ya venía de lejos: he cambiado.
Cuando uno va cambiando no se da cuenta. Por dos razones: la primera es que los cambios suelen ser lentos (si no son revoluciones) y que al ser uno el protagonista se pierde la posición de observador imparcial.
Una vez entendido esto, hay que ir a las causas. Las causas pueden ser de dos tipos ”mayormente”: traumáticas y no-traumáticas. Las causas traumáticas vienen dadas por un fuerte cambio en el entorno, por ejemplo, un viaje a un país previamente desconocido. Las causas no-traumáticas vienen por lentos cambios en el entorno que provocan una reacción también lenta (principio de acción-reacción, ver la segunda de Matrix, a ser posible sin pagar).
Una vez que se han dado las causas que propician el cambio, se observan los efectos. Estos pueden ser inmediatos y no inmediatos. Los no inmediatos pueden no verse a simple vista y los inmediatos pueden causar sopresa en todo el que está cerca, incluso al propio individuo.
Los cambios pueden ser a mejor o a peor. Tengo la manía de clasificar todo, pero con el tiempo me he dado cuenta que el bien y el mal son conceptos relativos. Además me he dado cuenta de que el individuo no es capaz de distinguir lo bueno de lo malo en muchas ocasiones, por ser juez y parte.
Ahí queda mi lección de filosofía barata del día. Cada uno que reflexione, se aplique el cuento y que vea lo que sale. Cada palo que aguante su vela, dice el dicho popular. Sabias palabras.
























