Ayer estuve en el flamante nuevo Palacio de los Deportes. Bajó Dios del cielo, se encarnó en Mark Knopfler y guitarra en mano, dio un señor concierto.
El escenario no podía ser mejor, el recientemente reconstruido Palacio de los Deportes de la Comunidad. Si bien el exterior es bastante raro, por no decir feo, el interior impresiona. Los tonos oscuros hacen que parezca mucho más grande de lo que es (y lo es). El público, entregado, abarrotaba las gradas, lo que sorprendió al propio M.K.
En cuanto al concierto en sí, M.K. es un músico sin trampa ni cartón, tocaba la guitarra con un virtuosismo increible, acompañando a su característica voz ronca. Se permitió el lujo de improvisar ante los “oes” de un público ensimismado. Las canciones se alargaban y todos, incluido el propio Knopfler disfrutaban.
El repertorio, de los más variado, empezando por Why Aye Man, revisando clásicos como Sultans of Swing, Romeo & Juliet, Telegraph Road, unos bises de lujo (Brothers in arms, So Far Away y la inesperada Local Hero). También hubo canciones de sus discos anteriores: Rüdiger y Done with Bonaparte del Golden Heart, Sailing to Philadelphia, Speedway at Nazareth y What it is del Sailing to Philadelphia. Del último disco. Shagri-La: Boom like that, Song for Sonny Liston y Donegan’s gone.
Un concierto estupendo, que los tres que ibamos, Alex, Paloma & me disfrutamos.































