Comienzan las fiestas
Ayer cuando llegué a casa pude escuchar la fiesta de uno de mis vecinos. Si bien me encantan las fiestas, las de mis vecinos las sufro.
Varios inconvenientes. El primero, la música a todo volumen, de tal manera que parecía que tenía encendido el equipo de música dentro de la habitación. ¿Puede la gente de la fiesta oir algo? Seguimos: la climatología que no acompaña y la gente que no hace caso al hombre del tiempo. Si la fiesta era en el exterior, como supongo por aquello de la música en el jardín, ¿se congelaron los invitados?
Y ahora lo más patético: estos vecinos hacen fiestas semanalmente durante todo el verano. Dado ese ritmo de repetición, las fiestas pierden su gracia, se convierten en rutinas, y semejantes despliegues solo lo disfrutan los cuatro de siempre, que el resto ya se aburre.
























