Otto

Ya llevo un par de semanas trabajando para el banco X. La cosa va bien, una vez que ya he conseguido enterarme de donde viene a estar cada cosa.

Ayer toqué techo, ya tengo mi tarjeta monedero electrónico para la máquina del café. El sistema es un poco mágico: para conseguir la tarjeta hay que esperar a que la máquina expendedora entre en servicio, lo cual ocurre cada vez que unos astros determinados se alinean. Aún más extraño, se puede recargar a la vez que se paga el producto. ¿Para qué entonces? Me imagino que para evitar problemas con el cambio. Los de Camera Café pueden hacer dos episodios con esto.

Lo que no tengo todavía es tarjeta para entrar. Todos los días voy a la recepción y doy los buenos días. Ya no hace falta que les diga mi nombre ni mi DNI ni si mi equipo ganó o perdió. Se lo saben de memoria. Lo de que a uno le den un pase de visita provoca una sensación de provisionalidad nada envidiable.

Ayer hubo una avalancha de incidencias porque se cayó uno de los servidores. A pesar de eso últimamente no llegan apenas incidencias, y la mayoría son simples de resolver. Hoy un señor, jubilado de una localidad vasca ha hecho saltar las alarmas. El hombre se había pasado de su límite. He accedido a su ficha y no es que esté jugando a la quiniela precisamente. He ido aprendiendo las herramientas del banco y asusta pensar todo lo que saben sobre nosotros.

El ambiente de trabajo es bueno, y la gente te echa un cable si te ve muy perdido. También tengo que decir que en yeyo’s la cosa era más divertida, si no fuera por lo que fue.

El otro día estuvimos aprendiendo a manejar el directorio electrónico de la empresa. Descubrimos un cargo inquietante: Rastreador de la red. El caso es que el poseedor de dicho cargo sólo tiene un nombre, Otto, sin apellidos. Tiene teléfono, móvil corporativo y fax. Claro, con tan poco dato y con ese cargo, pensé que era el brazo ejecutor del departamento de Calidad. Abrimos la ficha, intentando memorizar su foto, no vaya a ser nos lo encontremos por el pasillo y haya que salir por patas. Sorpresa: Otto es un perro. “Otto, el perro piloto” me comenta una compañera.

Posted at Abril 4th, 2006. Trackback URI: trackback

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