Cad día que pasa Madrid se parece más a Fuenteovejuna. Llevan ya meses los vecinos en pie de guerra por esas máquinas tragaperras llamadas parquímetros. Revolucionado anda el Barrio del Pilar, poblado por la clase media que levanta el país de lunes a viernes, tranquilos hasta que les han metido la mano en el bolsillo. Pintan las zonas de rosa, decoran los parquímetros y se niegan a someterse al Faraón.
No sólo la clase media se rebela ante el hecho de que cada día Madrid es inhabitable. Hace unos días la baronesa Thyssen, clase alta donde las haya, dueña y señora de una de las colecciones de arte más importantes de este país, que tiene a bien poner a disposición del público en el museo de apellido familiar, comentó que se encadenaría a uno de los árboles amenazados de tala y que da sombra a su museo. En que pensará una señora condesa cuando decide tomar una medida así. Mal pintaba ya el asunto cuando leo que amenaza con llevarse la colección fuera de Madrid. Ole sus cojones, señora, bien hecho.
El Faraón se está jugando la alcaldía y en cualquier momento le pueden dar la puntilla.
























