Una de las cosas que más me llama la atención de este país en el que me encuentro es cómo se mima al cliente.
Si espero más de cinco minutos en la cola del banco se acerca un empleado a preguntar que quiero. Si la operación requiere que espere, me dirigen a una mesa con sillas. Junto a la mesa hay una mesa más pequeña con una máquina de café. El banco me regala el aparcamiento.
El otro día se me estropeó la batería del coche. El fabricante, una marca alemana con cuatro aros, me manda un coche del RACE autóctono que me ayuda a arrancar el coche, todo gratuito. Llego al concesionario, y mientras espero a que cambien la batería me sugieren que vaya a la sala de espera, donde hay una mesa, sillas, revistas de coches, máquina de café gratuito, tazas de porcelana (barata) y un ordenador conectado a Internet por si necesito enviar algún correo o algo mientras espero. En quince minutos me tienen el coche arreglado.
Creo que el día que alguien exporte este nivel de servicio al cliente a España, evitando la picaresca nacional, se va a forrar.
























