Acaba de ganar España (o lo que queda de España) el Mundobasket y no puedo por menos que acordarme de ese hombre que está en el banquillo.
No me refiero a Pau Gasol, del que la prensa dice que gana partidos sin jugarlos, sino a un tipo normal, gordo y con greñas, que parece sacado de una peli de los setenta: José Vicente Hernández, Pepu para todos.
Le conozco desde hace muchos años, y siempre me ha parecido un tío sencillo y humilde. Un entrenador con toda una vida dedicada al Estudiantes. Ya hace veinte años que llevaba a sus jugadores en su coche a los partidos. Ahora tiene un coche más grande, pero en el fondo sigue siendo el mismo apasionado por la canasta de siempre.
Pepu era necesario para la selección: un hombre de basket, no un comentarista estrella de la tele ni un sargento balcánico. Un tío que les diga a los jugadores: “Ustedes son muy buenos, salgan a la cancha y jueguen” , una defensa intensa, creatividad en ataque y ya está.
Me entero por la prensa que ayer falleció su padre. Y hoy estaba en Japón, con esa cara seria que pone en los partidos, como si le apretara la corbata, y después llorando, me imagino que 50% de alegría y 50% de tristeza.
Pepu, enhorabuena por la victoria, y como ya te dije alguna vez, muchas gracias por enseñarme a disfrutar del deporte más maravilloso del mundo.
























