Siempre me ha parecido un grandísimo entrenador, a pesar de no tener un palmarés espectacular (eso, si, esa Copa de Europa brilla). Manel Comas tiene para mí ese puntito aficionado-cabrón que hace que me caiga muy bien.
Ya hace unos años, siendo entrenador del Baskonia, inventó el horario Michelín, que consistía nada más y nada menos que después de un mal partido poner a entrenar a los jugadores con el mismo horario que los operarios de la fabrica de neumáticos cercana a la zona. Y recordaba a la plantilla que el esfuerzo de muchos trabajadores iba destinado a la compra de abonos y entradas.
La penúltima, porque con el sheriff nunca hay última, ha sido llamar gilipollas a sus jugadores. Con dos cojones. Y se ha cebado especialmente con uno.
En estos tiempos de estrellitas hace falta gente como él en el mundo del deporte, que llame a cada cosa por su nombre y coloque a cada uno en su sitio. Y en eso, el sheriff es un maestro.
























