Ayer anunció su retirada Nacho Azofra. Azofra empezó a jugar al baloncesto desde pequeño en las canchas del Instituto Ramiro de Maeztu, fue subiendo peldaño a peldaño y llegó al equipo ACB, donde ha jugado casi 700 partidos, en el Estudiantes, dos años en Sevilla y uno en Bilbao.
Azofra representa el baloncesto típico de Estudiantes. Vistoso, divertido y comprometido. Era un espectáculo verle jugar: canastas sobre la bocina, pases “al hueco”, bandejas imposibles, asistencias espectaculares. Me comentaron la anécdota de un ojeador NBA que fue a ver a Felipe y al que le encantó el juego de Azofra, si llega a tener diez años menos…
Como buen estudiantil, el anecdotario que tiene es bastante amplio. Por ejemplo, se rumorea que después de un partido y la posterior celebración la Ertzaintza le tuvo que sacar del fondo de una fuente.
En otra ocasión se encontró en Canarias con algunos miembros de la expedición de la Demencia que habían ido a ver el partido y ya de paso disfrutar de los carnavales. Cuenta la leyenda que les soltó diez mil pesetas de las de antes para que se compraran algo para beber.
La que tengo más reciente es la de un grupo de aficionados que va a Vistalegre en el metro y se encuentran a Azofra, que hasta hace muy poco no tenía carnet. Los aficionados no le dicen nada y es el propio Nacho el que va a hablar con ellos y a pedirles que animen al equipo en el partido.
Por suerte, este auténtico genio del baloncesto y excelente persona va a seguir vinculado a Estudiantes como ayudante del primer técnico Mariano de Pablos.
Grande Nacho.































