Son las 7:30 de la mañana y hay unas veinte personas haciendo cola en la calle. Un poco más tarde, a las 8:00 ya hay más de cuarenta. A las 8:30 la cola da la vuelta a la esquina. No es la Polonia comunista. Es la administración española del siglo XXI.
No estoy hablando de la huelga del Registro Civil. Esta vez le toca el turno al DNI. Toca renovarlo y aprovecho las vacaciones en España porque no se puede hacer fuera.
Ahora están haciendo el nuevo DNI electrónico. Además de todas las ventajas tecnológicas y tal te lo dan en el momento. Eso que parece una ventaja en realidad no lo es, porque el proceso dura 20 minutos. Bueno, pues se espera y punto, ¿no? Pues no. Porque mientras se hace el tuyo no se puede hacer otro porque el ordenador se queda ocupado grabando el chip del carné. Un ordenador, un DNI. Un funcionario, un ordenador.
A mí, con el número 17, me han atendido a las 11:00, un amable funcionario (de verdad) que atendía su ventanilla y la de al lado, por aquello de hacer algo durante la espera.
No se puede hacer mucho más. El proceso es lento y sólo algo como la cita telefónica podría al menos reducir las colas y las esperas. Pero el DNI electrónico tiene un problema, y una vez más nuestros amados políticos no tienen la solución.
